CAMINOS DE CONSAGRACIÓN
Carta Pastoral del Obispo de Cádiz y Ceuta, Monseñor Antonio Ceballos Atienza, con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada
Mis queridos diocesanos:
El día 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, celebra la Iglesia la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Esta Jornada tiene muy presente a las vocaciones de especial consagración, como un hecho eclesial tan singular, tan sagrado, que la Iglesia lo verifica y lo hace suyo en el seguimiento personal del Señor Jesús.
1. Caminos de consagración
El lema de esta Jornada de la Vida Consagrada es profundamente significativo: Caminos de consagración. En él, se nos recuerda que Cristo, el Señor, es nuestro único camino, y todos nosotros somos caminantes y peregrinos con Él. Cristo, Camino, Verdad y Vida, ha abierto en su propio Cuerpo diversos caminos de consagración. Para la vida consagrada Jesucristo lo es todo: Sólo Jesucristo, enteramente Jesucristo, exclusivamente Jesucristo, totalmente Jesucristo.
2. Llamada gratuita y misteriosa
La vida consagrada es, también, una peregrinación. Nos encontramos ante la gran aspiración de toda persona humana, de buscar con la mente y el corazón la verdad para su vida. En nuestro caso para encontrar la plena luz del discernimiento sobrenatural que, en la llamada del Señor Jesús, suscita una respuesta de amor capaz de seguir y permanecer en una vocación de especial consagración, entregándose en plenitud al servicio misionero y evangelizador de la Iglesia. Para ello, es necesaria la oración universal de toda la Iglesia, como nos pide el Papa Benedicto XVI.
Pero los caminos absolutos de la llamada de Dios a la vida consagrada comportan para el vocacionado, una respuesta concreta. Llamada que es siempre totalmente misteriosa, gratuita y esencialmente personal. Y respuesta, como signo de trascendencia y de la libertad de la persona humana, que implica su ser y que siempre se desarrolla en un diálogo oracional, en el que compromete su consentimiento desde la obediencia de la fe, porque es fiel quien os llama (1Tes 5,24), a una elección gratuita y misteriosa, que entraña iniciativas incondicionales en el lenguaje bíblico (cf. Is,6; Jr 1,2: Mt 4,18-22; Hch 9).
3. Invitación permanente a la santidad
El Papa Juan Pablo II al instituir la Jornada Mundial de la Vida Consagrada ha elegido con gran acierto esta fiesta de la Presentación del Señor, luz para alumbrar a las naciones (Lc 2,32), ya que, de modo análogo, acerca a todos los hombres al Dios vivo.
Este bien de la vida consagrada ha de afrontar los grandes desafíos de la sociedad actual con su testimonio profético, desde la fidelidad dinámica propia de cada carisma en sus campos de acción: el contemplativo, el misionero, el de la educación y la cultura, de las comunicaciones sociales, en el diálogo ecuménico e interreligioso. Siempre como una respuesta de espiritualidad evangelizadora,
Este bien de la vida consagrada, indispensable para toda la Iglesia, representa una iniciativa permanente de la santidad de todos los miembros del Pueblo de Dios, santidad donde se realiza la persona humana, creada a imagen de Dios, a través de los nobles testimonios de vida consagrada. Su ejemplo de amor con corazón pobre, obediente e indiviso a Cristo la lleva al constante protagonismo de la acción misionera y nueva evangelización, estando presente en todos los horizontes de la tierra con toda su vida, en la predilección constante de los pobres, la promoción de la justicia y el cuidado de los enfermos.
4.Caminamos con los ojos puestos en el futuro
Vivimos en unos tiempos de cambios acelerados que afectan, en comunión de linaje y de destino, al hombre y a la sociedad. Este tercer milenio es un nuevo reto que hará experimentar a la vida consagrada situaciones inéditas. Como afirmaba el Papa Juan Pablo II: ¡Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir! Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Vita consecrata, 110).
En nuestra querida y amada Diócesis, en estos últimos meses, hemos tenido la dicha de celebrar la apertura del Proceso de Canonización de la Madre María de la Encarnación, Fundadora de las Hermanas Terciarias Franciscanas (Rebaño de María), y la clausura del Proceso Diocesano de Canonización del Padre Vicente López de Uralde, Religioso Presbítero de la Compañía de María (Marianistas). Ambos nos indican que ser santos es posible en este siglo XXI, y que esta Iglesia Diocesana de Cádiz y Ceuta es tierra de santos.
5. Riqueza espiritual y capacidad de adaptación
Mis queridos hermanos y hermanas, miembros de la vida consagrada: Os caracterizáis por vuestra riqueza espiritual, y por vuestra extraordinaria capacidad de adaptación a las nuevas situaciones de la vida eclesial, teniendo en cuenta que nuestro mundo empobrecido necesita de ejemplos de espiritualidad en contacto permanente con el misterio del Dios vivo, como huella de la Trinidad en la historia, como fermento de fraternidad y solidaridad, como ejemplo de servicio desinteresado en la caridad presente en todas las misiones de la tierra.
6. Año Sacerdotal
El momento pastoral que vivimos en la Iglesia y en nuestra Diócesis, con la celebración del Año Sacerdotal, nos obliga a considerar que todos vosotros como miembros de la vida consagrada estáis en íntima relación con la obra del Espíritu Santo. Es Él quien, a lo largo de los milenios, acerca siempre nuevas personas a percibir el atractivo de una opción tan comprometida (...) El Espíritu mismo, además, lejos de separar de la historia de los hombres las personas que el Padre ha llamado, las pone al servicio de los hermanos según las modalidades propias de su estado de vida, y las orienta a desarrollar tareas particulares, de acuerdo con las necesidades de la Iglesia y del mundo (Juan Pablo II, Ibíd., 19).
7. María , estrella de esperanza
El Papa Benedicto XVI nos alienta y nos anima a que miremos a María como estrella de esperanza, cuando nos dice: La vida humana es un camino. ¿Hacia que meta? ¿Cómo encontramos el rumbo? La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo orientación para nuestra travesía. Y ¿quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su sí abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo. Ella que se convirtió en Arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plantó su tienda entre nosotros (cf. Jn 1,14)? (Benedicto XVI, Carta Encíclica Spe salvi, 49).
En la fiesta de la Presentación del Señor de 2010, contemplamos y nos encomendamos a María, portadora de Cristo, modelo de consagración y seguimiento, Madre singular de la Iglesia que sale al encuentro de su Señor. Por eso el Papa la distingue en la fiesta de las candelas como marco referencial de la renovación de la Vida Consagrada, por su entrega y servicio al Evangelio.
Reza por vosotros, os quiere y bendice,
+ Antonio Ceballos Atienza
por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica
Obispo de Cádiz y Ceuta